Apenas va arrancando febrero y el bolsillo de las familias mexicanas ya está sintiendo los "tacleos" de la realidad económica. No es ninguna novedad que el Super Bowl se ha convertido, por derecho propio, en una festividad más de nuestro calendario nacional, casi al nivel de un puente vacacional o una posada. Sin embargo, este 2026 el "domingo de supertazón" llega con una factura que a más de uno le va a quitar el hambre: hasta 4,630 pesos por hogar para armar la convivencia.
De acuerdo con los datos recientes de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), el costo de ver el partido entre amigos y familia ha subido un 12.8% respecto al año pasado. ¿Qué significa esto en términos mortales? Que la inflación no da tregua y que el "gustito" de las alitas, el guacamole y las cervezas ya no es un gasto menor, sino una inversión que requiere planeación financiera o, de plano, un "tarjetazo" de esos que duelen en marzo.
La "fiesta" que sale cara
Si uno se pone a desglosar los números, la cosa está color de hormiga. Para una reunión "tranqui" de diez personas, con lo básico (hot dogs, chelas, papas y su respectivo dip), ya nos estamos gastando más de 2,100 pesos. Pero seamos honestos: en México nos gusta echar la casa por la ventana. Si ya le entramos al tequila, las hamburguesas y las alitas —que hoy cuestan como si fueran de pavo real—, la cifra escala a esos casi cinco mil pesos que reporta Anpec.
Este incremento no es obra del azar. Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Anpec, lo dice claro: es el reflejo de una presión inflacionaria que no suelta el cuello del consumidor. Lo irónico es que, aunque los precios suban, el mexicano no suelta el control remoto. México se ha consolidado como el mercado más importante para la NFL fuera de Estados Unidos. Somos fans de hueso colorado, pero esa lealtad nos está saliendo a precio de zona VIP.
El "Oro Verde" y su sabor agridulce
Un punto que toca el artículo y que merece una reflexión profunda es el papel del aguacate. Se estima que Michoacán enviará 120 mil toneladas de Hass para que los gringos sigan dándole vuelo a su obsesión por el guacamole. Es nuestro "oro verde" y representa una derrama de miles de millones de dólares.
Pero aquí está la trampa: mientras el aguacate brilla en los comerciales millonarios de la televisión estadounidense, aquí en casa, el precio del fruto a veces se vuelve prohibitivo para el consumo local. Además, no podemos ignorar la sombra que menciona el reporte: el acoso de las redes de extorsión que acechan a los productores. Es triste que un símbolo de nuestra potencia agrícola esté manchado por la inseguridad, recordándonos que el éxito comercial no siempre viene acompañado de paz social.
El efecto "Medio Tiempo" y la cultura
Este Super Bowl LX tiene un ingrediente extra: Bad Bunny en el show de medio tiempo. Más allá de si te gusta el reggaetón o no, el impacto cultural es innegable. El hecho de que el "Conejo Malo" use esa plataforma para lanzar mensajes contra las políticas migratorias represivas le da un peso político a un evento que, tradicionalmente, busca ser puramente comercial. Para los 24 millones de mexicanos que estaremos pegados a la pantalla, este Super Bowl es más que un juego; es una mezcla de identidad, espectáculo y, por supuesto, una válvula de escape.
¿Vale la pena el gasto?
Al final del día, el Super Bowl en México funciona como un termómetro de nuestra economía doméstica. La "tiendita de la esquina" será, una vez más, la gran aliada para las compras de último minuto —el hielo que se acabó, los refrescos que faltaron—, moviendo la economía local de los barrios.
Sin embargo, hay que ver las cosas con cabeza fría. Gastar casi 5,000 pesos en una sola tarde, en un contexto donde el crecimiento económico del país se prevé "chatito" (apenas del 1.5% según algunos analistas), es una señal de alerta. El consumo privado sigue siendo el motor de México, pero un motor que se está forzando a base de créditos y sacrificios en otros rubros.
La recomendación para este domingo no es dejar de disfrutar, sino aplicar la de "cooperacha". Si el gasto se divide, el golpe se siente menos. Porque en este partido contra la inflación, si no jugamos en equipo, el que termina perdiendo por paliza es nuestro bolsillo.
Disfrutemos el juego, disfrutemos el guacamole (si el presupuesto alcanza) y esperemos que, para el 2027, el "fumble" de los precios nos dé un respiro. Por ahora, preparen la cartera, que el silbatazo inicial está por sonar y sale bastante caro.
(Fuente: El ECONOMISTA, "¿Cuánto gastan los hogares mexicanos en el Super Bowl 2026? Hasta 4,630 pesos, según Anpec")