Resumen: La persistente baja penetración de los seguros en México, acentuada por factores de costo y una limitada cultura del riesgo, sugiere una vulnerabilidad estructural en la resiliencia financiera de los hogares. Este análisis examina cómo la coyuntura inflacionaria y las barreras de entrada podrían estar consolidando un entorno de desprotección con implicaciones en el ahorro de largo plazo.
La brecha de aseguramiento como fenómeno de exclusión financiera
Los datos recientes sobre las razones por las cuales una fracción considerable de la población mexicana prescinde de coberturas de seguro sugieren una problemática multicausal. No parece tratarse únicamente de una decisión cultural, sino de una respuesta económica ante una oferta que, en ocasiones, no se alinea con la volatilidad de los ingresos de las familias. Esta situación sitúa a una gran parte del patrimonio privado en una posición de vulnerabilidad frente a eventos fortuitos que podrían comprometer la estabilidad financiera de los estratos medios y bajos.
Coyuntura sectorial: El impacto de la inflación técnica y el reaseguro
El entorno para el sector asegurador en 2026 presenta desafíos significativos que podrían estar exacerbando la exclusión. El incremento en las primas observado en diversos ramos parece responder, en parte, al endurecimiento de las condiciones en el mercado de reaseguro global y a una siniestralidad al alza en sectores clave como salud y equipo de transporte. En un mercado laboral caracterizado por una informalidad superior al 50%, este encarecimiento técnico corre el riesgo de desplazar el seguro hacia la categoría de bien discrecional, alejándolo de su función social como herramienta de transferencia de riesgo y estabilidad macroeconómica.
Desequilibrios estructurales y barreras de entrada al mercado
Limitaciones en la educación financiera y transparencia
Es posible que una de las barreras principales sea la percepción de complejidad en los productos financieros. La dificultad para cuantificar el beneficio de una póliza frente a su costo inmediato podría estar sesgando la toma de decisiones. Mientras el seguro no sea percibido como un activo de protección, sino como un flujo de salida sin retorno tangible, la demanda probablemente seguirá siendo inelástica ante mejoras en la oferta.
La restricción del ingreso y la prioridad del gasto corriente
La estructura del ingreso en México, marcada por la intermitencia en sectores no formales, limita la capacidad de planificación financiera. En este escenario, el seguro compite con necesidades básicas inmediatas. Sin embargo, esta falta de cobertura podría estar generando un ciclo de descapitalización, donde los ahorros de toda una vida se ven agotados por contingencias que, bajo otros esquemas, habrían sido mitigadas por el sector financiero institucional.
Asimetrías en la percepción del riesgo
Existe la posibilidad de que el consumidor promedio subestime la probabilidad de ocurrencia de riesgos de baja frecuencia pero alto impacto. Esta asimetría informativa no solo limita el crecimiento orgánico de las aseguradoras, sino que restringe la profundidad de los mercados de capitales locales, donde las instituciones de seguros juegan un rol fundamental como inversionistas de largo plazo.
Riesgos potenciales y variables de ajuste
De mantenerse los actuales niveles de subaseguramiento, el riesgo fiscal para el Estado podría incrementarse, actuando este como un asegurador implícito ante desastres a gran escala. No obstante, este escenario es sensible a variables como la innovación en Insurtech y la posible implementación de esquemas de microseguros más eficientes. El éxito en la mitigación de esta brecha dependerá de la capacidad del sector para adaptar sus modelos de costos a la realidad de la base de la pirámide económica.
Conclusión
La limitada cultura de prevención en México debe entenderse como un desafío complejo donde convergen factores económicos, educativos y de mercado. Una mayor penetración del seguro no solo fortalecería el balance financiero de las familias, sino que aportaría una mayor estabilidad al sistema financiero en su conjunto. El reto para los próximos años reside en transformar la percepción del seguro: de ser visto como una carga financiera, a ser reconocido como un pilar fundamental de la planeación patrimonial y la sostenibilidad económica nacional.
(Fuente: EL ECONOMISTA, "Cultura de prevención: Razones por las que los mexicanos no tienen un seguro")