Resumen
El ligero recorte del Banco Mundial a las proyecciones de crecimiento de México para 2026 y 2027 no responde a un deterioro abrupto del ciclo económico, sino a la persistencia de riesgos que ya afectan a la inversión y al comercio. Más que una corrección estadística, el ajuste refleja la combinación de alta dependencia externa y debilidad interna de la demanda. Este texto analiza por qué ese equilibrio es cada vez más restrictivo.
Un ajuste marginal que revela un problema más profundo
La reducción de apenas una décima en las previsiones de crecimiento podría parecer menor. Sin embargo, el propio diagnóstico del Banco Mundial sugiere que el problema no es coyuntural. La economía mexicana enfrenta un entorno prolongado de incertidumbre comercial que limita la inversión, aun cuando se anticipa una adaptación gradual de las empresas a las nuevas condiciones del comercio internacional.
En este contexto, la recuperación prevista no implica un rebote significativo, sino una estabilización en niveles de crecimiento moderados.
Dependencia comercial y vulnerabilidad estructural
El hecho de que alrededor de 80 % de las exportaciones mexicanas se dirijan a Estados Unidos convierte cualquier tensión comercial en un factor macroeconómico de primer orden. La revisión pendiente del T-MEC y las disputas arancelarias vigentes no solo afectan las expectativas, sino que retrasan decisiones de inversión y reconfiguración productiva.
La advertencia del Banco Mundial sobre una posible intensificación de las barreras comerciales apunta a un riesgo asimétrico: México enfrenta un impacto mayor que otras economías de la región debido a su grado de integración con el mercado estadounidense.
Inversión débil como principal canal de transmisión
Más allá del entorno externo, la debilidad persistente de la inversión fija —que acumula más de un año en tendencia negativa— amplifica los efectos de la incertidumbre comercial. La combinación de menor inversión privada y cautela empresarial reduce la capacidad de la economía para aprovechar una eventual normalización del comercio.
Este comportamiento sugiere que el freno al crecimiento no proviene solo del exterior, sino de una respuesta interna limitada frente a un entorno incierto.
Política monetaria y demanda: estímulo con alcance acotado
Aunque el Banco Mundial anticipa que el banco central continuará flexibilizando su política monetaria hasta 2026, también advierte que la demanda agregada seguirá siendo moderada. Esto implica que el relajamiento monetario, por sí solo, no será suficiente para detonar un mayor dinamismo económico si la inversión y el comercio permanecen contenidos.
Restricción fiscal como condicionante adicional
En el plano fiscal, los esfuerzos de consolidación reducirán el peso del gasto público en el corto plazo. Si bien esto contribuye a la disciplina macroeconómica, también limita la capacidad contracíclica del Estado. La mención del Banco Mundial sobre la necesidad de ajustes fiscales más ambiciosos para estabilizar la deuda refuerza la idea de un margen fiscal cada vez más estrecho.
Conclusión
El recorte del Banco Mundial no debe interpretarse como una señal de alarma inmediata, sino como la confirmación de un escenario de crecimiento condicionado por tres factores simultáneos: alta dependencia comercial, inversión debilitada y márgenes de política económica reducidos. Mientras estos elementos persistan, la economía mexicana seguirá enfrentando un techo de crecimiento bajo, aun en ausencia de choques extremos.
(Fuente: El Sol De México, "Banco Mundial recorta expectativa de crecimiento de México para 2026 y 2027")