La Ciudad de México (CDMX) no solo es el motor económico del país, sino también un mercado financiero con características propias que influyen directamente en cómo las personas y negocios acceden y utilizan el crédito. A diferencia de otras ciudades, en CDMX el crédito no siempre surge por “falta de dinero”, sino más bien como una herramienta de administración financiera diaria en un entorno de alta movilidad laboral, diversidad de ingresos y acceso extendido a servicios financieros.
1. Uso intensivo del crédito de consumo: reflejo de una economía urbana compleja
En la capital mexicana, el crédito al consumo —incluyendo tarjetas, créditos personales y de nómina— ha mostrado crecimiento incluso en contextos económicos desacelerados, lo que indica una demanda constante por liquidez entre hogares y trabajadores urbanos.
Esto se debe a varios factores:
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Costo de vida más elevado que en otras zonas del país.
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Ingresos diversos y a menudo variables, dado que muchos habitantes combinan empleos formales, trabajos por cuenta propia y actividades en la economía digital.
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Preferencia por instrumentos flexibles (como tarjetas) frente a créditos estructurados de largo plazo. En CDMX, este tipo de crédito se usa tanto para gastos cotidianos como emergencias, no solo para grandes compras o inversiones.
2. Alta concentración de contratos de crédito y diversidad de productos
Según datos oficiales, en CDMX se registraron más de 11.7 millones de contratos de crédito, donde las tarjetas de crédito representan el 79 % del total.
Esto refleja dos cosas:
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Amplitud de acceso financiero: muchas personas tienen instrumentos de crédito formal disponibles.
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Preferencia por créditos flexibles y repetitivos, que pueden usarse con menor planificación a largo plazo, como tarjetas o créditos de nómina.
Este comportamiento es típico de una urbe con una economía dinámica y consumidores que gestionan múltiples fuentes de ingreso, incluyendo trabajos formales, por cuenta propia y economía digital.
3. El empleo urbano y la liquidez: impacto en el acceso al crédito
La estructura laboral de CDMX —con dominancia del sector servicios y comercio— influye directamente en las necesidades de crédito.
Según datos oficiales:
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El sector terciario representa casi el 85 % de los empleos, mientras que una parte significativa de trabajadores son por cuenta propia o informales.
En un contexto así:
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Las personas con ingresos mixtos o variables recurren más a préstamos para gestionar fluctuaciones de flujo de caja.
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Los créditos personales y de nómina se vuelven recursos habituales para manejar periodos de gasto elevado o pagos inesperados.
Este fenómeno es más pronunciado en CDMX que en centros urbanos con economías menos dinámicas.
4. Crédito y vivienda: una dimensión estructural en la capital
El acceso a vivienda en CDMX sigue siendo un tema importante. La tendencia indica que los créditos para vivienda han disminuido en volumen recientemente, un reflejo de condiciones económicas menos favorables y desafíos en la construcción y financiamiento de soluciones habitacionales.
Al mismo tiempo, programas públicos como el “Vivienda en Conjunto” buscan ofrecer créditos sin intereses para sectores vulnerables, reconociendo que el acceso a vivienda digna en CDMX sigue siendo un problema estructural.
5. Riesgos específicos en la Ciudad de México: morosidad y decisiones de crédito
Aunque el uso de crédito aumenta, también existen señales mixtas sobre cómo se comporta:
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En ciertos periodos la colocación de créditos de consumo ha desacelerado, reflejando que la expansión del crédito no siempre sigue el ritmo del empleo o los ingresos reales.
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Esto sugiere que, aunque muchas personas acceden al crédito, su capacidad de mantener deuda a largo plazo puede limitarse, y la banca actúa con precaución.
6. Conclusión: el crédito como herramienta de gestión financiera en CDMX
En la Ciudad de México, los préstamos y créditos no solo son un medio para obtener dinero, sino una herramienta de liquidez diaria adaptada a una economía altamente urbana y flexible. Las características más relevantes incluyen:
Alta participación del crédito de consumo, especialmente a través de tarjetas y productos de uso frecuente. Demanda constante de liquidez por parte de hogares con ingresos mixtos. Diferencias claras entre crédito de consumo y crédito estructural (como el hipotecario), que puede estar más afectado por condiciones económicas. Participación del empleo informal y servicios que influye en cómo se maneja el crédito.