Resumen
La Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) enfrenta un déficit financiero estructural que ha impedido el pago de aguinaldos y quincenas a su personal. Esta situación, que exige recursos extraordinarios de orden estatal y federal, es manifestación de problemas más profundos en la sostenibilidad presupuestaria de las universidades públicas mexicanas. En este artículo se analiza el contexto económico y las implicaciones de este desequilibrio, así como los riesgos asociados a su persistencia.
Introducción
A mediados de diciembre de 2025, la UAZ anunció que no contaría con los recursos suficientes para cubrir el pago de aguinaldos y quincenas, debido a un “déficit estructural” en sus finanzas. La Rectoría y el gobierno de Zacatecas han iniciado gestiones para obtener recursos extraordinarios que permitan solventar esos compromisos laborales, en un contexto de presiones financieras crecientes.
Entorno fiscal y financiamiento limitado de las universidades públicas
La crisis financiera de la UAZ se inscribe en un panorama más amplio de restricciones fiscales que enfrentan las universidades públicas mexicanas. Los subsidios ordinarios del gobierno federal y de las entidades federativas constituyen la principal fuente de ingresos para estas instituciones. No obstante, el crecimiento de esos subsidios ha sido insuficiente para compensar el aumento de gastos operativos, las obligaciones laborales (incluyendo salarios, prestaciones y pasivos con instituciones como el ISSSTE) y las presiones inflacionarias que elevan los costos reales de operación.
En términos generales, la dinámica económica nacional —marcada por tasas de interés relativamente elevadas, moderada expansión del gasto público y limitaciones en la recaudación fiscal— reduce los márgenes de maniobra para incrementar apoyos directos a las universidades. Esta restricción presupuestaria se refleja de forma aguda en instituciones con altos déficits acumulados, amplificando tensiones entre gobiernos estatales y federales sobre la asignación de recursos adicionales.
Implicaciones reales del déficit
Un déficit estructural implica que no se trata de un desfase transitorio entre ingresos y gastos, sino de una brecha persistente que no se cierra con ajustes contables simples. En el caso de la UAZ, varios factores convergen:
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Pasivos laborales acumulados: La deuda histórica con el ISSSTE y otros organismos de seguridad social ha crecido por intereses sobre intereses durante años, generando un pasivo financiero sustancial que limita la disponibilidad de recursos para obligaciones corrientes.
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Insuficiencia de subsidios: Aunque el presupuesto federal proyectado para 2026 contempla un incremento nominal, este no compensa la pérdida de poder adquisitivo ni responde al ritmo de crecimiento de la matrícula, aumentando así la presión sobre las finanzas institucionales.
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Gestión de ingresos propios: La dependencia casi exclusiva de subsidios limita la capacidad de la universidad para generar recursos propios significativos sin afectar su misión educativa, dada la elasticidad limitada de matrículas y servicios vinculados a la extensión académica.
Las implicaciones de estos desequilibrios son profundas:
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Riesgos operativos: La incapacidad para cumplir con obligaciones salariales puede deteriorar el clima laboral, afectar la calidad educativa y generar conflictos sindicales que impacten la continuidad académica.
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Presión sobre las finanzas públicas: La necesidad de recursos extraordinarios compite con otras prioridades presupuestarias estatales y federales, lo que puede generar tensiones políticas y ajustes redistributivos en otras áreas.
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Señales a los mercados y actores educativos: La persistencia de déficits estructurales en universidades públicas puede desalentar inversiones estratégicas, reducir la confianza de académicos e investigadores, e incluso influir en percepciones de riesgo institucional en evaluaciones crediticias del sector público.
Consideraciones clave ante un desequilibrio estructural
Aunque el diagnóstico indica desequilibrios estructurales, varios factores deben considerarse con cautela:
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Temporalidad de las gestiones: La obtención de recursos extraordinarios puede resolver aspectos inmediatos del calendario laboral sin abordar las causas profundas del déficit.
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Reformas necesarias: Cualquier cambio significativo en la sostenibilidad financiera requeriría reformas en la gestión de pasivos, ajustes en los mecanismos de financiamiento educativo y posibles innovaciones de ingresos propios, sin comprometer la accesibilidad universitaria.
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Entorno económico nacional: Mejoras en la recaudación fiscal o la asignación presupuestaria a educación superior a nivel federal y estatal pueden aliviar, pero no eliminar, las tensiones estructurales si no van acompañadas de una planificación financiera estratégica.
Conclusión
La incapacidad de la UAZ para cumplir con pagos de aguinaldos y quincenas es un síntoma de una crisis financiera más profunda que afecta a la institución. El déficit estructural, alimentado por pasivos históricos y subsidios insuficientes, exige tanto atención inmediata como reformas de mediano y largo plazo. Para los responsables de política pública, el mensaje es claro: la sostenibilidad de la educación superior pública en México depende de una combinación de financiamiento estable, gestión eficiente y mecanismos que permitan mitigar riesgos fiscales sin comprometer la misión educativa.
Este caso constituye un recordatorio de que los equilibrios financieros en instituciones clave son fundamentales no solo para la operación cotidiana, sino también para la cohesión social y el desarrollo económico regional.
(Fuente: El Sol de Zacatecas, “Déficit histórico ahoga a la UAZ: sin aguinaldo”. )