Resumen
La combinación de una inflación relativamente alta y un crecimiento económico débil proyectado para México al cierre de 2025 y el inicio de 2026 plantea un escenario adverso para las finanzas domésticas. Más allá del impacto inmediato en el poder adquisitivo, este entorno refleja tensiones macroeconómicas más profundas que dificultan la reactivación robusta de la economía y condicionan decisiones de política monetaria y fiscal.
Introducción
La directora de Análisis Económico de Banco Base, Gabriela Siller, advirtió sobre un arranque “pesado” de 2026 para los hogares mexicanos, caracterizado por la continuación de presiones inflacionarias y por un entorno de bajo dinamismo económico que persistió a lo largo de 2025. La expectativa de que la inflación anual supere 4 % en los primeros meses del año sitúa al país fuera del objetivo explícito de Banxico, tradicionalmente fijado en torno al 3 % ±1 %.
Un entorno económico limitado por precios altos y menor dinamismo
En 2025, la inflación general en México se ha mantenido elevada en comparación con décadas anteriores, con cifras recientes que muestran un repunte a 3.8 % anual en noviembre, impulsado especialmente por presiones subyacentes en servicios y bienes básicos.
Los pronósticos de crecimiento para 2025 y 2026 sugieren un panorama de lento desempeño económico. Encuestas privadas proyectan tasas de crecimiento moderadas y, en algunos casos, revisiones a la baja respecto a estimaciones previas. Esto refleja tanto la debilidad en la demanda interna como retos externos persistentes.
Por su parte, las expectativas de inflación de mediano plazo muestran cierta estabilidad en torno a niveles por debajo de 4 %, aunque aún por encima del objetivo de Banxico, lo que complica las decisiones de política monetaria.
Implicaciones estructurales: por qué la inflación y el estancamiento preocupan
Naturaleza del problema: inflación resistente y crecimiento débil
La situación descrita no es simplemente una “cuesta de enero” tradicional con aumentos temporales de precios, sino la manifestación de un esquema en el cual la inflación no converge de manera sostenida hacia el objetivo, mientras el crecimiento económico se mantiene anémico. El fenómeno de inflación persistente en sectores como servicios y alimentos –componentes con alta ponderación en el consumo familiar– erosiona el poder adquisitivo real, especialmente cuando los salarios crecen por debajo de la inflación.
Además, el estancamiento del crecimiento dificulta la generación de empleos formales de calidad, lo que se traduce en menor creación de ingreso disponible y limita la capacidad de recuperación del consumo privado, un motor clave de la actividad económica interna.
Implicaciones para política monetaria
Banxico se enfrenta a un dilema clásico de política macroeconómica: con una inflación que no cede por debajo de niveles deseables y un crecimiento económico débil, la tradicional respuesta de fortaleza monetaria restringe aún más la actividad. La decisión sobre si se deben recortar o mantener tasas refleja la tensión entre apoyar la recuperación de la economía y preservar la credibilidad en el control de la inflación.
Una reducción prematura de tasas podría relajar condiciones financieras y dar cierto alivio al crédito y al consumo, pero de hacerlo sin señales claras de anclaje inflacionario se arriesga a reavivar las presiones de precios, particularmente en servicios y bienes no sujetos a competencia internacional.
Impacto en hogares y mercados
Para los hogares, este entorno implica una restricción real del ingreso disponible. La necesidad de ajustar patrones de consumo, optar por alternativas más baratas o posponer decisiones de compra con efectos de segunda ronda en la actividad económica, afecta directamente el bienestar.
Los mercados financieros podrían interpretar la persistencia inflacionaria como un riesgo de volatilidad cambiaria si se percibe que Banxico cede ante presiones de crecimiento; ello podría traducirse en mayores primas de riesgo y mayor costo de financiamiento externo.
Factores que podrían modificar el escenario económico
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Choques externos: Cambios en las condiciones globales, como desinflaciones de commodities o mejoras en cadenas de suministro, podrían aliviar presiones de precios importados y respaldar un enfriamiento de la inflación interna.
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Medidas fiscales y de ingreso: Políticas públicas orientadas a fortalecer el mercado laboral o a compensar la pérdida de poder adquisitivo podrían moderar la rigidez del consumo y apoyar la actividad sin presionar precios.
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Expectativas: El control de expectativas inflacionarias es central para anclar la inflación futura; la comunicación de Banxico y la fiscalidad responsable juegan un papel esencial en este frente.
Conclusión
El arranque de 2026 para México se perfila como un período en el que convergen presiones inflacionarias resistentes y un crecimiento económico moderado, planteando retos importantes de política macroeconómica. Comprender que no se trata únicamente de efectos estacionales sino de tensiones estructurales permitirá diseñar respuestas más eficaces y coordinadas entre política monetaria, fiscal y laboral. El mensaje clave para el lector es que la inflación y el estancamiento no son fenómenos aislados, sino síntoma de un entorno económico más complejo que exige decisiones informadas y prudentes para restaurar crecimiento sostenible sin sacrificar estabilidad de precios.